Crónicas secundarias #3
Por Dante Cerri, estudiante del Liceo Zorrilla

Terminar el año y seguir existiendo
Diciembre, el calor parece despegar todo lo que el frío resto del año solidificó en los liceos. Una estudiantina pequeña hace fila en bedelía solo para enterarse que el boletín se retira en la adscripción que tanto habían habitado. Algunos vienen con sus respectivos responsables legales, otros, a la pasada, decidieron pegarse una vuelta y llegan al liceo con la camisa goteando el sudor. ¿Alguna vez no olieron como ahora nuestros liceos? Es olor a incertidumbre casada con la calma. Corre la gente pero no tienen caras de estresadas; gritan y se quejan pero alrededor no parece que nadie haga recibo de tales acciones. Ya no se leen las pancartas. Quizá, si uno goza de viajar por avenida Italia hasta alturas lejanas al Centro puedo leer una de esas pancartas que todavía viven y luchan; «Por presupuesto digno. 6+1 % del PBI para educación» se lee todavía en una que cuelga de la reja del Liceo 10.
Caminar por los liceos, como dijimos en la primera edición de esta columna, es revivir una crónica cruel e injusta. Ahora parece que con intención se ha tomado la decisión de que esa crónica pueda ser olvidada. Desde la institucionalidad de secundaria —que cuando no está entregando gente a las nuevas «pruebas tribunalizadas» la está haciendo pasar sin muchas más preguntas— se ignoran contextos, situaciones y, por supuesto, se rebaja el nivel educativo del que ya muestra datos la Universidad de la República. No le importa al parlamento, que cegado ante la posibilidad de aprobar la Ley de Presupuesto Nacional de recorte y ajuste en tiempo récord, pone a sus agentes militantes al servicio de desactivar la lucha en todos los niveles e impone una narrativa que simplemente es un guion escrito por el neoliberalismo. Pero, entonces, la cuestión importante: ¿A nosotros nos importa?
Las cosas siempre llegan, es una realidad dialéctica. Nuestro mundo no es estático sino que, por el contrario, es a través del movimiento incesante que la materia se manifiesta. Llega diciembre, ese incómodo en el calendario gremial; ese mes que tantas veces pega con fuerza a quienes entienden fundamental la planificación como método de profundización de la lucha. Terminar el año es, en el liceo, un quiebre con respecto a la escuela. La irregularidad, los ciclos cortos, la diversidad de materias y el peso de las mismas conforman ese panorama que pega. Es entonces el movimiento estudiantil en general un firme dependiente de calendarios, especialmente los académicos; lo fue el resto del año, ¿lo es ahora?
Puede que las preguntas parezcan pesadas, abiertas, un recurso repetitivo. ¡Perfecto! Esa es la idea. Con el final del año vuelven a aparecer las mismas preguntas hechas desde el mismo miedo. Entonces, escribamos desde ese miedo. Quien escribe estas líneas termina con este diciembre su paso por la educación media; entra así en ese grupo de suertudos que logran terminar sin mayor sobresalto, con unos padres que presentes apoyan su proceso y que le permitieron haber estudiado y le permitirán seguir haciéndolo. Cuántas veces en el año se puede escuchar «a este gremio le quedan dos años y desaparece» o demás comentarios de ese tipo. Es el miedo cifrado en chiste una forma de transitar. Pero si en los liceos ya va quedando menos gente, ¿a quién le hacemos los chistes? Ahora es simplemente pensar cómo evitar ese futuro que se nos presenta como inevitable. Lo primero es justamente reconocer que así se nos presenta y vencer esa concepción. De gente que dice que no se puede hacer nada están revestidas las paredes de los salones gremiales, pero ninguna de esas paredes ha escrito jamás con sus manos una moción que haya hecho avanzar la gremialidad en secundaria. Por el contrario, debemos estar convencidos de que seguiremos existiendo. Existiremos hasta que todos los objetivos sean conquistados, hasta que comience la historia, como dice Marx.
No se matan las ideas, tal vez eso es lo que rescatamos del polémico Sarmiento, aunque Fidel también dijo algo parecido. Pero las ideas individuales en cabezas de inorgánicos militantes bien podrían matarse que el resultado sería el mismo. Entonces, por más que nos parezca simple, o digamos: «la realidad es más compleja», como suele suceder, tenemos que cuidarnos en una discusión que ha tocado la profunda contradicción de clase. Organización es en definitiva una respuesta que nuevamente se tiene que poner sobre la mesa.
Hay quienes en el último tiempo han intentado tirar un manto de sospecha sobre quienes se organizan y hablan para planificar los rumbos de nuestros movimientos. Normalmente son los mismos que tienen que terminar resolviendo por atrás y con mecanismos que nos podrían parecer poco «democráticos». Son los mismos que le huyen a los debates políticos y, en última instancia, cuando todo falla, vuelven asamblea tras asamblea a insistir: «no se puede hacer nada». Si quien lee esta columna busca pararse en la vereda de enfrente, lejos de estas concepciones —que en definitiva enfrentamos—, quizá no será nuestro amigo, pero será nuestro compañero. Te pedimos que te acerques. Esta concepción más cansadora, que nos lleva a estar algunas horas en lugares que hubiéramos querido evitar, que nos hacen estar en decisiones que no llenan de ansiedad, es la concepción que estamos convencidos vencerá al tiempo. Estas ideas que defendemos, mantienen la existencia, la existencia con un por qué, porque igual sabemos que existir para mantener la explotación es igual o peor que la no existencia. El Frente Estudiantil Diana Maidanik se seguirá reuniendo, seguiremos planificando. También, continuarán desde este espacio militando en secundaria, con aquellos de UTU, aquellos universitarios y los que mañana serán docentes. Al miedo con el que se empieza esta columna toca enfrentarlo con la calma responsable de organizarse como deber. Que el miedo no nos paralice; que al miedo le podamos responder con acento de una izquierda estudiantil organizada. Esta crónica de los gremios que crecen porque luchan, y están coordinados bajo las profundas convicciones del antiimperialismo, no es una crónica posible, es la necesaria. Un día deberán escribirse más allá de estas páginas.
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