Diana Maidanic en las voces de sus familiares
Por Mónica Wodzislawski Maidanic y Alma Cohn Maidanic, primas de Diana

A continuación reproducimos un artículo escrito por Mónica y Alma, ambas primas de Diana Maidanic. Este artículo fue elaborado a instancias de una edición de la revista Alma Mater, una revista estudiantil que editamos junto a algunos compañeros integrantes del Frente Estudiantil Antiimperialista, entre marzo del 2020 y agosto de aquel mismo año.
Diana fue nuestra prima. Fuimos cuatro primas muy unidas en nuestra infancia temprana. Éramos muy seguiditas; en total dos años de diferencia entre la mayor de las cuatro y la menor. Nuestros respectivos padres, migrantes de Europa oriental, fueron unidos también. Compartían campamentos, bailes, alegrías, penas y dificultades, casi como todo el mundo… Hoy nos abrimos a compartir con ustedes nuestros recuerdos de la vida de Diana, corta, muy corta, truncada el día en que fue asesinada junto a Laura Raggio y Silvia Reyes, el 21 de abril de 1974 por militares de la Dictadura, cuando tenía 22 años.
— (Alma) «Intento crearme un relato sobre la corta vida de mi prima, que seguramente sea solamente "mi propio e inventado relato". Uno de los tantos posibles, pero necesario en mi caso, para dar sentido y coherencia a recuerdos lejanos, largas y minuciosas cartas escritas desde su reclusión, poemas, fragmentos escritos, manualidades hechas en el cuartel… Todo lo cual, ha sido guardado por su madre que hoy vive y tiene 98 años, en una caja de zapatos en el estante de arriba de un ropero, durante cuarenta y seis años. De tal manera que cuando abro la caja para buscar algo que hable de Diana, experimento un sentimiento casi sacro. Por otro lado, hay fotos de Diana por todos lados en su casa, esas sí no están guardadas, y nos la recuerdan cuando era chiquita y sonreía o cuando era ya más grande, un poco más seria.
Entre los ocho y los catorce años aproximadamente, Diana tomó clases en la Escuela Nacional de Declamación. En mi recuerdo, se destacaba en los eventos de fin de cursos por la intensidad dramática y la potencia de la voz con que recitaba poemas de Juan Ramón Jimenez, Antonio Machado, Federico García Lorca, Luisa Luisi, Arturo Capdevilla, Delmira Agustini, sólo por citar a los más conocidos. La poesía y el drama, ya la habitaban. De aquellos años, compartimos recuerdos muy vívidos y emotivos de verla y escucharla desde la platea del teatro Sala Verdi. Más tarde en la adolescencia, cada una tomó su camino en una época en que las ideas, así como las opciones de acción hacia una sociedad más justa e igualitaria, florecían en América Latina y en Uruguay».
- (Mónica) «Comparto los recuerdos de la niñez y comienzo de la adolescencia, pero "mi Diana" más entrañable es la de los años posteriores a nuestros 15, octubres de ella y diciembres míos. Cuando entre luchas por el boleto estudiantil, el salario de los trabajadores y las libertades públicas, fuimos forjando nuestro compromiso con este pueblo, bajo la consigna "obreros y estudiantes, unidos y adelante".
Compromiso que trascendía nuestras fronteras y se nutría con la solidaridad con Cuba y otros pueblos de América Latina, África y Asia que luchaban por su independencia e intentaban construir el socialismo. Diana y yo nos veíamos y/o hablábamos con frecuencia. Intercambiábamos autores y títulos de libros —Franz Fanon y Los condenados de la Tierra, Alejandro Carpentier y El Reino de este mundo, Nazim Hikmet y su poesía Acerca del vivir, por citar algunos de nuestros favoritos—. Claro que estaban Benedetti y Galeano y…, pero la crítica literaria no es el tema que nos convoca. El tema es que nuestra vida, como la de tantas y tantos jóvenes de la época, era un entramado entre esas luchas y las guitarreadas al ritmo del folklore y/o de canciones de la guerra civil española y de rocks, muchas horas bajo el sol playero y también los primeros amores, relaciones sexuales y desamores, ilusiones y llantos desolados. No faltaban, por supuesto, las discusiones interminables sobre cuál era el mejor camino para lograr el triunfo en Uruguay y América Latina. Tampoco fue raro, que eligiéramos nuestro puesto de lucha en organizaciones diferentes, ya que era muy usual en la época.
Yo estudiaba Ingeniería y ella Psicología en la Facultad de Humanidades y en el Hospital de Clínicas. Ambas trabajábamos, yo fui funcionaria del CASMU y luego de Asignaciones Familiares —hoy BPS—, donde me encontró su muerte. Diana llevaba adelante una guardería en su casa en el barrio Malvín, de la cual se la llevaron presa en el año 1972. Nuestros encuentros se fueron haciendo más esporádicos, más difíciles, ya que estudio, trabajo y militancia nos ocupaban casi todo nuestro tiempo. Hay un encuentro que no puedo ni quiero olvidar, porque fue el último y por la impresión que me causó, que quiero compartir con ustedes. Nos vimos cuando Diana salió de la cárcel a fines de 1973 y compartimos emociones, cuentos, incertidumbres y nuestro compromiso renovado. Pero lo que más me conmovió fue que ella no podía disfrutar a pleno de su libertad porque su cabeza y sus sentimientos estaban junto a las compañeras que habían quedado presas en el cuartel».
- (Alma) «Las cartas que escribió a su familia en el año y meses que estuvo presa, se conservan en un papel que el tiempo tiñó de color marrón y que parece querer romperse al mínimo contacto, aunque resiste… Cuando las releo, a mis sesenta y pico, me pregunto cómo es que, con veinte años, alguien pueda tener tanta madurez y profundidad en sus ideas. Plena de sentimientos solidarios, de deseos por una sociedad más justa, de sueños de cambios para que los niños no pasen hambre y se eduquen sin diferencias de clase social».
- (Mónica) «Quisimos compartir estos recuerdos sobre los 22 años de vida de Diana, tan parecida quizás y tan diferente a la de ustedes. Pero no puedo terminar este relato sin referirme a cómo desde el año 1985 se han sucedido los expedientes judiciales exigiendo verdad y justicia, presentados primero por sus padres y cuando ya no estuvieron, por sus hermanos, hermana y primas. La Justicia se ha amparado en la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado o los indagados han interpuesto recursos legales, impidiendo que se dicte sentencia. Este caso fue presentado también —junto a los de Oscar Tassino y Luis Eduardo González, ambos desaparecidos— en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que estudia su remisión a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, para que el Estado Uruguayo responda por su omisión¹. Sus familias, nosotros, nuestros hijos y nietos seguiremos en este camino».
Esa fue Diana en algunos de los posibles relatos. Su madre, su familia y sus amigos, guardan seguramente otros, igualmente conmovedores y fecundos en este hilado nunca acabado de la memoria.
¹Desde el 2020 —año en el que fue escrito este artículo— hasta la actualidad, hubo algunas novedades judiciales respecto a este caso. Le recomendamos al lector visitar el sitio web muchachasdeabril.com
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