Editorial

03.03.2026

Por Frente Estudiantil Diana Maidanik

Empezar no se empieza de la nada. Se empieza en un contexto dado, se empieza nuevamente, se empieza cargando a cuestas con todas las veces que se ha empezado. Se empieza con un trasfondo, con un aprendizaje asumido, con lo que ya se ha transitado. Se empieza, también, pensando en lo que vendrá, pensando en lo que está pendiente de empezar. Empezó el año, empezarán las clases.

Y comenzó este año con un ataque frontal a nuestra América. El recrudecimiento de la hostilidad de los Estados Unidos hacia los pueblos que se atreven a construir un proyecto alternativo, con miras a la emancipación, demuestran la plena vigencia de la doctrina Monroe. El tercer día de enero las fuerzas armadas de Estados Unidos vulneraron la soberanía territorial de la República Bolivariana de Venezuela. La noticia originó varios focos y movilizaciones alrededor del mundo. En varias ciudades de nuestro continente se vieron numerosas muestras de solidaridad, miles de personas salieron a las calles a denunciar la agresión imperialista y reivindicar el derecho de los pueblos a la autodeterminación.

Nunca saciado, el imperialismo estadounidense volvió a poner el foco en el pueblo cubano —que sufre desde los años sesenta la agresión sistemática de un Imperio que no tolera que una revolución socialista esté vigente a unos cuantos kilómetros de sus costas— y recrudeció el complejo entramado jurídico que se traduce en el bloqueo económico y las sanciones. La cuestión se centra ahora en el combustible, que encuentra muchísimas dificultades para llegar a la isla. A su vez, la invasión a Irán recrudece la escalada y profundiza la guerra a nivel global. De esta forma, Estados Unidos e Israel, con la complicidad de muchos países árabes de la región ponen en riesgo la integridad de todo el planeta.

El capitalismo está en crisis y busca como puede la forma de perpetuarse en el tiempo. Hoy el enemigo más grande de la humanidad lleva su nombre. El imperialismo fabrica, reproduce, exporta e importa planes de estudio, recetas económicas y estructuras institucionales. Pretende levantar sin pudor alguno una nueva colonia en la Franja de Gaza, haciendo de los muertos y los escombros un negocio atractivo para los seres más repudiables de nuestra raza humana, inversores sin escrúpulos, sin estómago y sin alma.

El imperialismo no está muy lejos de nosotros. Sus consecuencias se dejan ver en todas partes: Está en la miseria de nuestro pueblo; en el desempleo; en el cierre de fábricas; en el deterioro progresivo de nuestra industria; en la expulsión de la gente del campo; en el modelo forestal; en las pasteras; en los ministerios y en todo nuestro gobierno cipayo. Es más, el imperialismo se deja ver en los salones que se llueven, en las clases superpobladas, en la falta de maestras, en la deteriorada calidad de nuestra enseñanza. Es el mismo imperialismo que está también en los países poderosos y las empresas transnacionales; en las zonas francas, en el negocio de la droga, en el crimen y en la guerra. Muchas veces se viste de cordero. En nuestro país, el imperialismo desembarca sin vergüenza alguna y con el visto bueno del gobierno frenteamplista en cada visita del Comando Sur a nuestras fuerzas armadas.

El imperialismo tiene ya muchos años, el imperialismo asesinó a nuestros mártires, financió grupos paramilitares, perfeccionó y sistematizó la tortura que aplicó contra los elementos más avanzados de nuestra sociedad. El imperialismo persiguió estudiantes y asesinó a Ibero Gutiérrez aquel 28 de febrero del año 1972. Dedicamos esta edición, entre otras cosas, a homenajearlo.

Ibero Gutiérrez fue estudiante de Derecho y Humanidades, poeta, dramaturgo y artista plástico. Integrante de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU), de la Agrupación de Avanzada Universitaria (ADAU) y del Movimiento de Independientes 26 de Marzo. Una intersección entre militante y artista: Un revolucionario. Fue secuestrado y asesinado por el Comando Caza Tupamaros, fuerzas parapoliciales fascistas, bajo la complicidad de la policía, bajo las órdenes del imperio. La memoria de Ibero es la memoria antiimperialista en carne propia. Hay en ese Ibero que todavía vive en nuestra memoria el vívido ejemplo de la convicción revolucionaria que nos guía.

A su ejemplo revolucionario de amor y socialismo va dedicada esta cuarta edición que coincide con el regreso a clases. Somos estudiantes, volvemos en masa a las aulas. Qué eslogan es el de «regreso a clase», cuántas papelerías remarcando precios. Las «ofertas» de la más alta gama de productos florecen por todos lados. Vemos en la tele el deseo de buena fe de calma por parte de las autoridades de turno. Comienzan las clases y parece que chocan dos realidades, las que crean artificialmente los directores y jerarcas en general de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) y otra oscura y fría lejos de las oficinas con aire acondicionado, en las puertas de escuelas y liceos; en la interna de una UTU en la que se hizo cualquier chanchada, en la Universidad ya eternamente postergada.


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