La CEU en movimiento: Un año de lucha estudiantil desde adentro

25.12.2025

Agustina Larroca, estudiante del Bachillerato Tecnológico en Informática, y Emiliano Cardozo, estudiante de la Tecnicatura en Comunicación Social

Fotografía extraída del Gremio Estudiantil de la ESI
Fotografía extraída del Gremio Estudiantil de la ESI

Este año marcó un punto de inflexión para la Coordinadora de Estudiantes de UTU (CEU). Quienes formamos parte del movimiento estudiantil vivimos meses intensos, de organización, disputa y construcción colectiva en defensa de la educación pública. En mi caso, me integré a la CEU a mediados de agosto, justo cuando varias de estas luchas comenzaban a tomar fuerza, desde ese momento pude ver de primera mano cómo cada acción se sostenía en el compromiso de estudiantes de todo Montevideo y algunos puntos del interior.

A principios de julio había surgido la CEU, a partir del contacto entre los compañeros de Comunicación, Construcción, del ITS Arias Balparda, entre otros. Pronto, nos organizamos y pusimos a la coordinadora en la calle.

14 de agosto: por los Mártires empezó la construcción colectiva

El 14 de agosto fue una fecha significativa porque coincidió con mis primeros pasos dentro de la CEU. La coordinadora convocó a su lanzamiento público en la explanada de la IEC, en los días previos a la marcha. El 14 de agosto, la bandera de la coordinadora, creada en ese acto público previo de forma artesanal por compañeras de la UTU del LATU, recorrió las calles de la capital. Ver a mis compañeros organizar esa jornada y sostenerla con convicción me dio una primera impresión clara de que lo colectivo iba a acompañar el resto del año.

Recortes presupuestales y la defensa del 6+1 %

Mientras el gobierno avanzaba con una nueva ley de presupuesto que reduce el gasto educativo en relación con el crecimiento del país, la realidad de las UTU se hacía cada vez más evidente: estudiar se vuelve más difícil cuando no hay recursos.

El 6 % del PBI para ANEP y UDELAR, sumado al 1 % para investigación, no es un capricho ni una consigna vacía. Es el mínimo necesario para que podamos tener condiciones dignas en los centros de estudio.

Mientras todo esto pasaba, el gobierno avanzaba con una nueva ley de presupuesto que volvió a dejar la educación pública fuera de prioridad. A pesar del crecimiento del país y del aumento de matrículas en los centros educativos, la inversión asignada para ANEP y UDELAR caía en relación con el Producto Bruto Interno (PBI) proyectado.

Para quienes estudiamos en UTU, esto no es una discusión abstracta. Lo vivimos todos los días cuando los techos se caen o los salones se inundan, faltan herramientas, materiales o equipamiento básico, hay grupos superpoblados, los trámites se trancan porque falta personal administrativo o adscriptos, quedan asignaturas sin docentes durante meses y cuando no existen equipos de salud mental que acompañen situaciones complejas que desde hace tiempo han desbordado la casi inexistente capacidad de respuesta en ANEP.

Por eso defendemos el histórico 6 % del PBI para ANEP y UDELAR y el 1 % para investigación, y señalamos la responsabilidad de las autoridades, las actuales y las anteriores, de la ANEP y de todo el sistema de gobierno.

Este año, mientras crecían las matrículas y aumentaban las necesidades de los centros, el gobierno presentó una nueva ley de presupuesto que volvió a dejar la educación como un gasto prescindible. No solo no se avanzó hacia el histórico reclamo del 6 % del PBI para ANEP y UDELAR + 1 % para investigación, sino que en términos reales la inversión cae respecto al crecimiento del país.

Las prioridades fueron otras, no fue la educación ni los estudiantes.

Y acá seremos claros. Cuando el presupuesto cae, no cae en abstracto. Cae en nuestros salones, en nuestra seguridad, en nuestra formación y en nuestras oportunidades.

Lo vemos cada día en techos que se caen, salones que se inundan, talleres sin herramientas, grupos desbordados, asignaturas sin docentes ni suplencias por meses, falta de administrativos para trámites básicos, cero equipos de salud mental en institutos donde hay situaciones urgentes, instituciones? y baños sin condiciones mínimas de higiene.

El presupuesto no es una discusión técnica, es la diferencia entre estudiar en condiciones dignas o estudiar como se pueda. Y lo que este gobierno eligió fue que nos arreglemos como podamos.

Por eso defendemos el 6+1 %. Porque es lo mínimo indispensable para que las UTU no sigan sobreviviendo como si fueran un favor del Estado en vez de un derecho conquistado.

Ocupaciones

El 14 de octubre nueve centros educativos amanecieron ocupados por sus gremios estudiantiles. En los días siguientes se fueron sumando nuevas instituciones, llegando a ser cerca de 12 centros ocupados simultáneamente y más de veinte en total. La CEU tomó la medida en la Escuela Superior de Informática y días después en la de Comunicación Social, medidas que se mantuvieron con el apoyo de muchos estudiantes, en gran medida compañeros que se acercaban por primera vez a sus gremios, sumándose rápida y activamente.

La respuesta de DGETP: Un puñado de reuniones, cero respuestas

El diálogo vacío y sin respuestas planteado por las autoridades de UTU sólo nos reafirmó el camino de luchar en las calles y en nuestros centros de estudio. Nos invitaron a cuanto "taller" y "jornada de intercambio" había en la vuelta, pero no ofrecieron solución a ninguna de las problemáticas cotidianas que planteamos una y otra vez.

La ESI Buceo: cuando los estudiantes dijeron «basta»

Mientras acompañaban las ocupaciones y entendían el peso real del recorte presupuestal en los centros, a los estudiantes de la Escuela Superior de Informática les tocó vivir algo que nunca imaginaron tener que experimentar como estudiantes organizados: la violencia institucional desde adentro de su propio centro educativo. Estudiar en la ESI Buceo este año significó convivir con un clima de miedo, hostigamiento y persecución directa hacia quienes se organizaron gremialmente. No lo contamos como algo leído en un comunicado: lo vivimos, lo vivieron nuestros compañeros, lo vimos todos, lo sufrimos.

Para muchos, fue un antes y un después, porque ahí quedó demostrado lo que significa realmente que un centro se desgaste por completo y que los estudiantes tengan que cargar con situaciones que no deberían existir en ningún lugar de estudio.

Lo que pasaba en la ESI no era un problema aislado ni un conflicto puntual. Era un clima que se repetía una y otra vez: maltrato, destrato, formas de dirigirse a los estudiantes desde la falta de respeto, comentarios que cruzaban límites, una actitud de autoridad basada más en el miedo que en el vínculo. Y a eso se sumaba algo que para el movimiento estudiantil es una línea roja: la persecución gremial.

Cada vez que el gremio quería organizar una asamblea, siempre había trabas. Cada pedido de espacio, cada intento de reunión, cada volante… todo parecía incomodar. Y no porque hubiera un problema real con el contenido o la forma, sino porque cualquier cosa que significaba estudiantes organizados era vista como una amenaza. Eso generó un ambiente donde muchos se sentían vigilados, cuestionados o hasta señalados por participar en algo que es un derecho básico.

Cuando las autoridades de un centro empiezan a tener miedo a su propio gremio de estudiantes, es evidente que algo está muy mal. El 28 de octubre se quiso ocupar el centro —una medida votada en asamblea como corresponde— y ese día quedó clarísimo el nivel de resistencia. Se demoró la firma del acta durante horas, se intentó frenar la entrada de estudiantes, se buscó por todos los medios que la ocupación no avanzara. La sensación general era que cualquier excusa servía para evitar que los estudiantes llevaran adelante una medida completamente legítima.

Pero lo que no pudieron frenar fue que la decisión estaba tomada. Y el 7 de noviembre, con mucho más respaldo, la ESI se ocupó. Esa ocupación no fue solo una medida de lucha: fue un desahogo colectivo, una forma de decir «no vamos a seguir normalizando esto». La plataforma reivindicativa que levantaron hablaba por sí sola: «Basta de maltrato, basta de abuso de autoridad, basta de perseguir estudiantes por organizarse».

La CEU nació para unir a las UTU de todo el país, pero dicen compañeros de la ESI Buceo, que también nació para proteger y acompañar a los gremios de algo que nadie debería vivir en un centro educativo: la violencia desde arriba. Esa experiencia marcó a muchos estudiantes, porque mostró que el movimiento estudiantil no es una consigna, es una necesidad. Cuando el presupuesto cae, cuando las condiciones se deterioran y cuando las autoridades abusan de su poder, la organización no es una opción: es la única herramienta que nos queda.

La presencia de la CEU en esta lucha fue muy importante. No desde un lugar de dirigencia, sino de estar ahí: sostener, acompañar, ayudar a visibilizar. Porque cuando un centro vive situaciones así, lo peor es el silencio. Y los gurises de la ESI tuvieron la valentía de romperlo.

La ESI Buceo este año mostró algo que muchos no querían ver: que los estudiantes no se quedan callados cuando la institución no cuida, no respeta y no escucha. Y que por más trabas que se pongan, cuando un colectivo decide organizarse, no hay nada que lo pueda frenar.

No fue fácil. No fue cómodo. No fue lindo.

Pero fue necesario.

2026: El año de la CEU, el año de UTU

Nos preparamos para despedir este año, con el balance positivo de haber visto nacer el germen de una herramienta de lucha esencial. Las medidas desarrolladas, la participación en el Movimiento Estudiantil como un actor representativo, la conquista de haber expuesto públicamente la realidad de las UTU y nuestros reclamos son logros a celebrar.

La UTU es la escuela de los obreros, de los técnicos, de los trabajadores de nuestro pueblo. La UTU necesita de sus estudiantes organizados y los estudiantes necesitamos construir y afianzar herramientas de organización.

Queda mucho por hacer. El 2026 nos plantea el desafío de avanzar en nuestro nivel organizativo, superar los límites geográficos, llegar a cada UTU, a cada estudiante, que cada UTU llegue a la CEU, que la visión antiimperialista de la educación llegue a la CEU y que la coordinadora se convierta en un amplio espacio de lucha por los cambios que la educación técnica y sus estudiantes necesitan. Allí nos encontraremos, codo a codo.


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