Nuestro permiso para creer en las hadas
Por Melchora Cuesta, estudiante de FHCE

Un ensayo sobre violencia sexual en la literatura
Hace poco terminé de leer la novela de Violaine Bérot titulada Como bestias, y me hizo replantearme un símbolo que he pasado por alto muchas veces, la conexión entre las alas y el abuso, específicamente el abuso sexual.
Incluso en mi propio mundo narrativo son las mariposas las que llevan la calma a los personajes ultrajados por el trauma, en el caso de Berot lo representan las hadas. Pero, en la literatura, aparecen más de una vez como eje del dolor y la transformación, lo vemos en obras como El jardín de las mariposas de Dot Hutchison o Mariposas de cristal de Natalia Ortega. Lo que me lleva a preguntarme qué existe en estos seres alados para que sean figuras de protección.
No es de extrañar una vez que se digiere a fondo la temática; las mariposas llevan consigo de forma inherente, el símbolo de transmutar, de metamorfosis. Se las ve vulnerables a los efectos del clima, frágiles, pero siempre logran resistir a las tempestades y transformarse en la mejor versión de sí mismas. Las hadas son, intrínsecamente, un símbolo de la feminidad en la niñez. Nos han acompañado a todas desde la cuna, algunas seguimos creyendo en ellas todavía hoy. Son quienes cuidan nuestros deseos y la fuente de la magia. Esta idea la representa bien una frase de la novela de Violaine Berot: «De vez en cuando, en lugar de tener pesadillas, veía a las hadas. Se me aparecían.» (Bérot, Como bestias, pag 134)
Siento que refleja con fidelidad la idea de que las hadas están para protegernos, como una especie de ilusión infantil que no puede romperse y que es necesaria para sobreponerse a un trauma.
Se nos permite creer en las hadas porque no hacerlo implica enfrentar un dolor para el que nuestros corazones no están preparados, se nos permite creer en las hadas porque, de lo contrario, el mundo se convierte en un lugar hostil. Lo más curioso es que se nos enseñe a creer en las hadas, a utilizarlas como salvavidas.
Hay, en ambas figuras, un único común denominador: las alas. Las alas traen consigo imágenes literarias de lo más variadas y han existido desde siempre como símbolo en la literatura.
En lo personal, lo encuentro aquí como un sinónimo de libertad. Es el despojarse de la tristeza, la vergüenza, la culpa y el dolor que tantas veces invaden a las supervivientes de la violencia sexual.
También, y no es menor, funcionan como símbolo de protección. Es arropar bajo el ala a todos aquellos que lo necesiten, darles un nido, un lugar que sientan seguro.
Me parece que, en una era en la que la sociedad se vuelve cada día más insensible, es de suma importancia reconocer estas imágenes, analizarlas y darles un lugar. No solo en el análisis literario sino en la vida de todos nosotros, y ser ese lugar seguro para quienes lo necesiten.
Las hadas y las mariposas, incluso los pájaros y los ángeles como símbolos del trauma de la violencia sexual tienen una significación enorme, y muchas veces este se opaca por la literalidad del símbolo del vuelo o el sueño.
Por último, me gustaría compartir otra frase del libro Como bestias, y al igual que su autora, es mi deseo para ustedes que jamás conozcan o tengan que sobrevivir a una situación de abuso, pero si en algo ayuda, si tienen que lidiar con ello, esto es para ustedes: «A todas las chicas que algún día conocerán ese horror les deseo que encuentren a las hadas, ellas las ayudarán a levantarse…»
Encuentren a las hadas o a las mariposas, el ser alado que les dé confianza, y sepan que después de ayudarlas a levantarse, ustedes mismas se pueden coser un par de alas.
Bibliografía
Bérot, V. (2024). Como bestias (P. M. Sánches, Trans.). Las Afueras.
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